El Pulpo Violinista (Javier Tomeo)
Me he pasado la noche bebiendo ron y cuando ya no queda ni una gota en la botella desciendo al fondo del mar y me siento sobre la concha de una ostra gigante que continúa durmiendo. No es la primera vez que lo hago y les diré que no es tan maravilloso como parece. Basta con beber un poco más de la cuenta para que podamos sentarnos donde más nos gusta sin necesidad de presentar instancia al gobernador y demostrar que todos nuestros papeles están en regla.
Se presenta el primer pulpo a rendirme pleitesía y le confieso que me arde el estómago porque el ron no era de buena calidad. El pulpo no entiende de ron. Lo suyo es el agua amarga. Cada cual tiene sus gustos, aunque haya algunos que merezcan palos. Estoy un rato callado y por fin le digo que los pulpos se parecen mucho a los hombres en el hecho de que también ellos se pirran por las langostas.
Tienes razón, conviene el pulpo. Lo que pasa es que nuestro apetito es muy grande y no siempre encontramos suficientes langostas para saciarnos. En ese caso somos capaces de devorar nuestros propios tentáculos. No conozco todavía a ningún hombre que se haya comido a sí mismo.
Nos pasamos buen rato en silencio, pensando cada cual en sus cosas. Luego entra en el barco hundido y regresa al cabo de cinco minutos con el violín del contramaestre. Antes de rascar las cuerdas me explica que la calidad del sonido de los violines depende en gran parte de un pequeño cilindro de madera que se llama alma y que está situado en el interior del instrumento.
Supongo que de ese violín no se puede sacar ya ni una sola nota, observo pensando en los años que lleva debajo del agua.
Pues te equivocas, replica.
Y sin más empieza a interpretar “El trino del Diablo” que es una sonata en sol menor que Tartini compuso inspirado en sueños por Satanás.
No le permito que llegue a los complicadísimos trinos del cuarto y último movimiento y suelto un estornudo que le hace soltar el arco. Considero que no es bueno que un simple pulpo presuma de violinista exquisito y olvide con tanta facilidad su condición de cefalópodo.

Catón dijo
Coincido con este hombre en lo del ron y con que los pulpos son peligrosos cuando escapan a su condición de cefalopodos, para nosotros los paganos que andamos por el mundo, mejor servidos a la vizcaina.
Un abrazo sin mechero, Ziota
14 Noviembre 2008 | 10:08 PM